BIENVENIDO AL LABERINTO

Parece que el viejo Dédalo se resiste a formar parte del Ades y resurge cada día proyectando nuevas construcciones. A la mirada atenta no se le escapan estos laberintos contemporáneos asentados sobre el espacio trans-territorial y deslocalizado en el que hoy vivimos. Emergen cada día estas nuevas formas de un viejo concepto, las cuales a pesar de no encontrarse físicamente en ninguna Creta, encierran peligros tan brutales como el propio Minotauro. Como Teseo nos adentraremos sin miedo dentro de estos nuevos laberintos, recorriendo este non site, con la única y frágil ayuda de los vínculos.

Adelante, valientes, bienvenidos.

viernes, 2 de octubre de 2009

AMORES QUE ABRASAN.

Hace tres años, el 12 de marzo de 2006, se publicaba la noticia en todos los medios de comunicación nacionales: se había declarado en la Comunidad Valenciana, en la comarca de la Safor, uno de los más voraces incendios que se han conocido en la provincia de Valencia. El incendio afectó a seis municipios y arrasó una extensión de 19.000 hectáreas de bosque y matorral y consumió parte de una zona de bosque mediterráneo protegido por la Conselleria de Medio Ambiente de la Generalitat. Causó graves daños materiales, afectando a urbanizaciones y viviendas aisladas de la zona por donde se extendieron las llamas, forzando al desalojo de más de 200 personas, sin contar con las que abandonaron sus hogares previamente. Los fuertes vientos propiciaron la rápida propagación del fuego que durante más de dos días resistió las labores de los efectivos de extinción, alcanzando un perímetro de 40 Km. Fue catalogado como el fuego forestal más devastador de la Comunidad Valenciana acaecido durante el último lustro, afortunadamente no hubo que lamentar víctimas, ni heridos graves.

Transcurridos más de 3 años de los fatídicos hechos, hoy conocemos la identidad del autor que provocó tan funesta catástrofe: un joven de 25 años. También conocemos el veredicto del juicio: Se le declara culpable, se le condena a 18 meses de cárcel y se le sanciona a pagar una multa de 1.350 €, los costos de extinción del incendio (ascienden 195.000 €), los gastos de reforestación de la zona afectada (mas o menos un millón de euros más) , así como la reparación de los daños provocados a las propiedades particulares afectadas (vaya usted a saber cuanto más). Si hacemos cálculos el despecho puede costarle a este joven aproximadamente la friolera de 1,5 millones de euros que deberá pagar después de cumplir una condena de año y medio de prisión.

A priori podríamos entender que una persona que provoque tales daños debería ganarse el derecho de entrar en la historia de la infamia, como mínimo de la infamia local. Pero atendiendo a los pormenores de los hechos de esta historia, quizás podamos entrever otra realidad.

El sujeto que provocó tal devastación es un joven de 25 años, 22 o 21 en el momento de los hechos. El incendio no fue provocado, al menos intencionadamente. Fue un incendio accidental, aliñado si cabe con una gran dosis de imprudencia por su parte, pero sin ninguna alevosía. Más novelescos todavía fueron los motivos del origen del incendio: el joven ante la ruptura de la relación por parte de su ex-novia, decidió quemar las cartas postales donde se habían declarado su amor ardiente y las arrojó a un contenedor (¡de plástico!) situado en un camino rural junto al monte, cerca del domicilio de su amada. Este fue el origen conocido del magno incendio. Desde el primer momento la guardia civil barajó la hipótesis de que se hubieran vertido restos incandescentes en el contenedor, o que este contuviera cañas que prendieron. En realidad el origen primigenio del incendio no fue dentro de un contenedor, sino dentro de un corazón despechado.

A la ya de por sí traumática experiencia de una ruptura sentimental, cabe añadir una condena de año y medio de prisión y unos costes de indemnización de casi dos millones de euros, trágico final sin duda para cualquier historia de amor.

Pero quizás el indiscutible autor material del origen del virulento incendio, no sea tan responsable de la totalidad de los hechos como la justicia ha determinado. En realidad se le ha condenado a asumir la totalidad de la responsabilidad del desastre y a la reparación del daño como único y exclusivo responsable del mismo. Pero realmente ¿es el joven culpable de las condiciones meteorológicas desfavorables que propiciaron la propagación del incendio?. Realmente la decisión de poner un contenedor de un material inflamable como el plástico en una zona de bosque, ¿es una decisión correcta?, quizás si el empleado o técnico del ayuntamiento de turno hubiera vivido en alguna ciudad, hubiera visto y se hubiera percatado de la facilidad con la que prenden estos contenedores, víctimas fáciles de los continuos ataques del vandalismo. Como mínimo podemos de calificarlo de inconsciente, dada la poca idoneidad del material empleado en mobiliario urbano destinado a un lugar tan sensible a los incendios; por lo tanto si el joven ha sido condenado por negligencia, también el Ayuntamiento de Simat de la Valldigna (término municipal donde se originó el incendio) debería pagar parte del coste y la condena, pues también parece negligente su conducta al colocar contenedores de material inflamable en una zona tan sensible a los incendios.

Pero todavía más grave parece la hipócrita postura del Gobierno Valenciano que ha elaborado una valoración de los costes de extinción del incendio de casi 200.000 euros, factura que le remite al tribunal junto con la estimación de un millón de euros del coste de la reforestación, para que este le exija el cobro al joven acusado. ¿No estará el Gobierno Valenciano encubriendo su propia falta?, ¿no es parte de sus obligaciones la prevención y limpieza de las zonas de bosque para que una catástrofe como esta no llegue a producirse?, o al menos que no llegue a alcanzar tales dimensiones. Parece bastante fácil y cómodo cebarse contra este joven, cabeza de turco perfecta para tapar las ineptitudes y la mala gestión de los recursos que con el dinero público haya podido incurrir el propio gobierno. Acaso si el incendio hubiera sido provocado por causas naturales también se hubiera condenado a Dios a pagar los costes de extinción y regeneración. A mi entender el Gobierno Valenciano presuntamente es tan responsable, o más, del alcance de esta tragedia como el propio autor material de los hechos, pues la magnitud de esta catástrofe demuestra claramente una gestión ineficaz de los planes preventivos de limpieza y vigilancia de los bosques y del patrimonio natural. Planes costeados y mantenidos con nuestros impuestos y gestionados de manera que no podemos calificar de brillante a la vista de los hechos. Y además con el agravante de una insultante muestra de prepotencia y humillación por parte del gobierno hacia el ciudadano, cargando a este con toda la responsabilidad, cebándose contra un sujeto vulnerable y bastante indefenso ante la dimensión y el carácter de los acontecimientos.

No es el único caso donde vemos esta actitud criminalizadora del gobierno hacia los ciudadanos: fijémonos en los accidentes de tráfico, siempre responsabilizando al usuario. Señores hagan ustedes carreteras mas seguras con mi dinero y dejen despilfarrarlo en anuncios que me convenzan de que conduzco mal, y ya de paso: por favor conviertan a sus agentes en elementos de ayuda, que es lo que deberían ser, y no en máquinas recaudadoras.

Otro reciente ejemplo lo tenemos en los servicios catalanes de rescate a montañeros, el gobierno catalán esta regulando por ley para que aquellos ciudadanos que provoquen un rescate por una imprudencia deben costear el costo del mismo, y el montante económico de los mismos no es una broma, por ejemplo una hora de helicóptero de salvamento cuesta alrededor de los 3.000 Euros.

Vivimos en un estado que nos quiere y nos protege, pero que con el calor de su amor nos abrasa vivos. Por favor señores: si algún día me pierdo en el monte, les rogaría que no me rescaten, prefiero morir en la montaña como un héroe, un santo o un mártir, que morir de asco lentamente ahogado por los bancos para pagar el crédito del coste del rescate, (si es que me lo conceden). También les pediría que ya que van a cobrarme los servicio al contado en caso de necesitarlo, en mi próxima declaración de la renta o en el IVA que pago por los productos que compro me descuenten el dinero que destinan a la prestación y el mantenimiento de estos servicios, puesto que me los están cobrando dos veces, una por adelantado, por si los necesitara, y otra en el caso de que por desgracia pudiera hacer uso de ellos. Puestos a pedir también me gustaría, ya que lo voy a pagar de todos modos, elegir a los profesionales y las tarifas que van cobrarme. No que me envíen ustedes alegremente a quien quieran y cobren los honorarios que les parezca. Me parece que a eso se le llama monopolio, el monopolio de la seguridad ciudadana.

Pero volviendo a nuestro joven pirómano despechado. No puedo disculparte por tus hechos ( a pesar de que los entienda). No puedo decir que no seas culpable, pero si estoy convencido de que la responsabilidad no es solo tuya y que no eres el único culpable de esta funesta catástrofe. En primer lugar pueden existir varios responsables en algunas consellerias y cuerpos técnicos de la Generalitat que no parece que hayan hecho sus deberes o su trabajo correctamente y se estuvieran tapando con tu condena, presuntamente son tan responsables como tú. En segundo lugar, el Ayuntamiento de Simat podría valorar la necesidad del uso de materiales inífugos en el mobiliario urbano destinado a las zonas de monte, es una lección que aprenderán con esta desgracia de cara al futuro, pero de momento, el coste de la lección parece que te lo cargan todo a ti en exclusiva. Y por último hay que pensar donde comenzó realmente este fuego, y de quien es la responsabilidad última de esa chispa que detonó el inicio de la desgracia.

Lo siento por ti, a buen seguro echarás de menos ahora esas cartas de amor para poder recrearte en prisión con los buenos momentos vividos antes de que se desatara toda esta terrible historia. Tendrás que conformarte con la quemazón y la rabia que sospecho te consumirá por dentro. Te deseo buena suerte: "El que pierde una buena mujer, no sabe lo que se encuentra".

Jaume Garcés / octubre 2009.

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